Con motivo del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, y desde Logroño Intercultural hemos querido contribuir a su conmemoración organizando una actividad colectiva desde una perspectiva intercultural. La idea era pintar un mural que plasmase la esencia de lo que significa este día para muchas de las mujeres y jóvenes con las que se trabaja a diario durante todo el año, no solo de las asociaciones de diversidad cultural de la ciudad, sino también de los proyectos de intervención socioeducativa con menores de diferentes barrios.



Hablamos sobre el uso del color violeta como uno de los símbolos más reconocibles del movimiento feminista, de sus posibles orígenes. Por un lado, por ser uno de los tres colores utilizados por las sufragistas, aquellas primeras pioneras de finales del s.XIX y principios del s.XX que lucharon por el derecho al voto de las mujeres: el morado por la dignidad y la justicia, el verde por la esperanza, y el blanco por la honestidad. La otra teoría más extendida del uso del color violeta viene de un suceso trágico en una fábrica de textiles en la que trabajaban mujeres en condiciones de esclavitud, encerradas en ella para evitar robos y aumentar la producción, y que murieron a causa de un incendio cuyo humo tenía un tono morado, derivado de los tejidos y tintes que se utilizaban.
Además, se recordó la razón por la que se escogió el 8 de marzo como fecha para celebrar este día. Uno de los movimientos más significativos fue el de las mujeres trabajadoras de las fábricas de Rusia durante la 1.ª Guerra Mundial, que salieron a protestar un 23 de febrero en el calendario ruso, 8 de marzo en el calendario gregoriano, por la escasez de alimentos y las difíciles condiciones de vida en esas circunstancias con el lema de “pan y paz”, que supuso el comienzo de la Revolución Rusa, que terminó con la caída de los zares. En 1975, las Naciones Unidas reconocieron oficialmente esta fecha como Día Internacional de la Mujer, en el que se reivindica la igualdad real de derechos y oportunidades entre mujeres y hombres.



Para visibilizar la diversidad del movimiento feminista y de sus reivindicaciones, se pintaron manos de colores distribuidas por el mural, y después de escogieron palabras con las que se definen como mujeres las participantes en la actividad, escribiéndolas en el panel en varias de las lenguas que se escuchan en Logroño.
El resultado final representa historia, memoria, lucha, participación y esperanza para el futuro. Cada color, cada mano y cada palabra forma parte de una historia colectiva que se sigue escribiendo día a día, y que lleva la huella de todas las protagonistas de la actividad.


El mural se exhibe actualmente en la primera planta de la Casa Amarilla, el Centro de Servicios Sociales del Casco Antiguo, como parte de la Plazoleta 8 de Marzo.
